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Corto vs Largo Plazo

Piensa en la última decisión que tomaste conscientemente: qué almorzar al mediodía, si comprar una prenda que te gustó o ahorrar ese dinero, dormirte temprano en la noche o ver una serie de Netflix, ver tu celular o seguir trabajando…

¿Te recordaste de esa decisión?

Ahora piensa en los factores que te llevó a tomar esa decisión y no alguna otra, es decir, ¿por qué almorzaste eso y no otra cosa? ¿ahorraste el dinero o te compraste algo? ¿te acostaste a dormir temprano o preferiste ver Netflix? ¿viste las redes o te pusiste a trabajar?

Para tomar la decisión, ¿pensaste en qué sería mejor para ti o en qué te gustaba más en ese momento?

No existen decisiones buenas o malas; lo importante es nuestra intención, el qué nos llevó a tomar una decisión, en lugar de otra.

El factor determinante para escoger algo debería ser cuál decisión es mejor para mí a largo plazo. No qué me provoca ahorita, ni qué me da mayor satisfacción al corto plazo.

Eso no signifique que el disfrute inmediato no sea importante; significa que el beneficio final debería ser un factor de disfrute a corto plazo.

Porque la suma de todas las pequeñas decisiones que tomo a lo largo del día es lo que determinará la calidad de mi vida.

Así como la suma de todos los pequeños pensamientos que tengo durante un día determina la calidad de mi mentalidad y la calidad de mi vida.

Te invito a que la próxima vez que vayas a tomar una decisión te preguntes si lo haces por el placer inmediato o por el bienestar a largo plazo.

De nuevo, eso no significa que siempre tengas que tomar la “buena” decisión, pero al menos pregúntate cómo sería tu vida si ese tipo de decisión fuese la que escoges la mayor parte de tu vida.