Solemos asociar la evaluación con el sistema de educación tradicional, en el que un maestro o maestra decide qué tan bien o mal respondimos a ciertas preguntas o si estamos aptos o no a pasar al nivel superior. En este sistema, los esfuerzos y la mejoría no cuentan, sino el resultado final y qué tan cercano estaba la evaluada del estándar esperado, es decir, “la buena” respuesta.
Una buena evaluación va mucho más allá. Una verdadera evaluación es integral (incluye evolución, esfuerzos, resultados) y no debe venir necesariamente de una persona externa a ti.
La evaluación es una excelente herramienta de desarrollo personal porque te ayuda a progresar más rápido, ya que te aporta la información y reflexión necesarias para mejorar aquello que debe serlo, y para consolidar lo que haces bien.
Por ello, la evaluación también es una excelente herramienta de gestión del tiempo, porque te ayuda a ahorrar tiempo, al evitar tantos errores repetitivos.
La evaluación de tu tiempo consiste en, al final del día, de la semana, del mes, del año y de cada proyecto importante que termines o abandones, responder -por escrito- a estas tres preguntas:
- ¿Qué hice bien y por qué lo hice bien?
- ¿Qué no hice bien y por qué lo hice?
- ¿Qué voy a mejorar?
Responde a estas tres preguntas de manera honesta y sin juzgarte. Identifica una sola mejoría que deseas poner en práctica. Haz un plan de acción. Ponle fecha y agrégala en tu calendario.
Si haces esto constantemente, verás los cambios sorprendentes que tendrás en tu vida.